Lo sucedido en la Asamblea Legislativa con el sindicato reflejó una actitud contradictoria e hipócrita de los dirigentes efemelenistas hacia el sindicalismo.
Es increíble que una de las zonas más peligrosas de la capital sea la carretera a Santa Tecla, justo frente al Estado Mayor militar y cerca de la Casa Presidencial.
Los salvadoreños necesitamos una campaña permanente de educación vial y prevención de accidentes para no estar con tanta cifra de muertos o lesionados cada año.
Si el presidente Funeslogra que sus funcionarios cumplan la orden de no dedicarse a la campaña, los ciudadanos apreciaremos ese precedente ético en la vida pública.
El secuestro de migrantes es tratado con una diplomacia hipócrita por el gobierno mexicano. De no ser la denuncia salvadoreña, nadie se preocuparía por ellos.
A esa fábrica, ubicada en la Carretera al Puerto, le robaron las computadoras que operan la maquinaria. Los inversionistas extranjeros anuncian su cierre.
Óscar Bonilla era un hombre genuinamente preocupado por el país, preocupado por su juventud, por la prevención de la violencia, por la resolución de conflictos.
Ninguna causa, por “justa” que pueda sonar, es justificación para ocupar la Catedral Metropolitana o cualquier otro templo de culto religioso de El Salvador.
Ni las coheterías ni las ventas de pólvora tuvieron supervisión alguna. La venta de silbadores fue generalizada y las consecuencias están a la vista. Lamentable.
El mejor regalo que pudiéramos recibir en esta Navidad es la paz social, la tranquilidad de salir a la calle sin temor a no volver. Una Navidad en familia, felices.
Las víctimas de la violencia no son números, no son meras estadísticas ni promedios diarios. Eran seres humanos de carne y hueso a los que sus seres queridos los extrañarán esta Navidad.
Imagine usted que el gobierno decidiera qué puede leer o no en Internet, que el gobierno decidiera si sus correos electrónicos o sus blogs son apropiados y pudiera censurarlos. Así será Venezuela.