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Deslave en Las Colinas: tragedia que no se olvida

Jueves 13, enero 2011 | 6:14 am
Deslave en Las Colinas: tragedia que no se olvida
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P07familia-rolando-escobarLos Vecinos piden finalizar obras de mitigación en lugar.

Susana Peñate

Diario El Mundo

A diez años de haber ocurrido el deslave de la Cordillera del Bálsamo, en colonia Las Colinas, de Santa Tecla, producto del terremoto de 7.6 grados en la escala de Richter, miles de personas recuerdan a sus familiares y amigos que murieron en una de las tragedias más significativas de la historia del país.

 

Juan Carlos Alas acompañó a su padre a visitar el lugar donde estaba ubicada su casa. Con voz entrecortada recordó que seis miembros de su familia perecieron esa mañana del 13 de enero de 2001: su madre Ana Julia López, sus hermanos Luis Miguel, Griselda Esmeralda y Ana Gloria y sus abuelos Luis del Carmen Alas y Candelaria Figueroa.

 

Sólo él y su padre sobrevivieron porque se encontraban trabajando ese día. “Salimos temprano a trabajar y cuando supimos eran como las tres de la tarde. Estábamos por el Mercado Central, no había comunicación, sonaban los teléfonos ocupados y hasta que fue una llamada urgente de parte de los vecinos que nos dijeron que había pasado esta tragedia”, comentó.

 

Actualmente viven por carretera a Suchitoto y esperan que las negociaciones de la alcaldía y la Fundación Tecleña Pro Medio Ambiente (Futecma) rindan frutos para recuperar el terreno.

 

Rolando Escobar también llegó a recordar a su hijo Rolando Antonio Escobar Rodríguez, de 16 años, quien ese día se encontraba en la casa de unas amistades para asistir a un paseo recreativo.

 

Por primera vez, en estos diez años, María Elena de Pérez visitó el lugar donde estaba su vivienda, en la cual murió su hija Adriana María Pérez, de un año y ocho meses de edad.

 

“A la misa siempre hemos acompañado, aquí (zona del deslave) hasta ahorita he venido a verlo”, expresó. Ella también espera poder recuperar el terreno para edificar nuevamente su casa.

 

En el “valle de las hamacas”

Los conquistadores españoles denominaron a la zona de San Salvador como “el valle de las hamacas” por sus constantes movimientos telúricos. De acuerdo a estudios sismológicos del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), el país es afectado por dos clases de sismos.

 

La mayoría de movimientos se ubican en la zona de subducción, en el Pacífico, entre 40 y 80 kilómetros al sur de las costas. Ocurren por el choque de las placas tectónicas de Los Cocos y el Caribe. El terremoto de enero de 2001 tuvo su epicentro en la zona de subducción, a 39 kilómetros de profundidad. La segunda clase son los que se producen dentro del territorio debido a las fallas geológicas de la zona. Se ha identificado una “gran falla” que comienza en el lago de Ilopango y continúa hasta Santa Rosa de Lima. El terremoto del 13 de febrero tuvo su epicentro en San Vicente.

 

“Recordar es justo y necesario”

testimonios.

Ana de Fernández y Gloria Mercedes Valdés recuerdan con tristeza a la familia que perdieron en el alud que soterró las viviendas de Las Colinas. Doña Ana perdió a cinco miembros de su familia: su hija Mónica Tatiana Fernández de Rodríguez, de 27 años; su yerno, Jorge Alfredo Rodríguez y su nieto Jorgito, de diez años. También a la suegra de su hija María Ester de Rodríguez y su sobrino Julio Enrique Yada Valdés, este último también era sobrino de doña Gloria. Cada año, desde que ocurrió el terremoto, llegan al lugar del desastre y a la tumba colectiva en el cementerio tecleño, para recordar a sus familiares y elevar una plegaria por su eterno descanso.

 

Sobre la propuesta de la alcaldía de edificar un memorial en la zona, manifestaron estar de acuerdo y consideran que es algo “justo y necesario”, con el objetivo de nunca olvidar a los que ya partieron y recordar la vulnerabilidad del terreno.

 

Y es que la mayoría de afectados no han logrado restablecer el patrimonio que perdieron en Las Colinas. La alcaldía municipal tiene la iniciativa de construir en el sitio un monumento memorial hecho de mármol, que contendrá los nombres de las más de 700 víctimas del alud. La inversión para dicho proyecto sería de $45 mil.

 

Los sueños truncados de una universitaria

recuerdos.

Portando una fotografía en sus manos y llorando, María Teresa Blanco de Mercado recuerda a su hija Xiomara Elizabeth Mercado, de 21 años de edad.

 

“Yo sobreviví porque andaba trabajando y ella se había quedado”, comentó la mujer que se dedica a oficios domésticos.

Xiomara estaba por cursar tercer año de la carrera de Sicología en la Universidad de El Salvador. Era una joven llena de sueños y esperanza por obtener un futuro mejor. Al momento de la tragedia se encontraba en casa acompañada únicamente por su mascota.

 

“(Recuerdo) lo bella que era, ella era comprensiva, amorosa, todo lo tenía… Es mi hija y eso no hay nada que pueda superar”, decía mientras se encaminaba al cementerio municipal donde descansan los restos de su hija.

 

El impacto fue grande en su familia, pues su otra hija padece insuficiencia renal crónica desde la muerte de Xiomara.

Aseguró que nunca se olvidará de ella y que cada año, si las fuerzas se los permiten, visitará el lugar de la tragedia para recordar a la joven universitaria.

 

Varios vecinos se unen al dolor de doña María Teresa, especialmente, este día en que se realizan diferentes actividades encaminadas a recordar a las víctimas del terremoto de enero de 2011.

 

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