El fracaso de una organización continental
La OEA colecciona una cadena de fracasos en las últimas décadas,ni sus observaciones electorales tienen credibilidad.
Una de las pocas veces que he estado de acuerdo con alguna de las expresiones del gobernante venezolano, Hugo Chávez, es cuando dijo que la Organización de Estados Americanos (OEA) no sirve para nada. Lástima que quien lo dice no merece mi más mínima credibilidad, pero comparto esa opinión.
La OEA ha probado ser inútil en las crisis políticas y sociales del continente en las últimas décadas. En los últimos años no ha podido dar solución a problemas tan diversos como el Golpe de Estado en Honduras, los fraudes electorales en Nicaragua o disputas fronterizas entre varios países del continente.
En el caso salvadoreño, un ejemplo más, es la firma de un acuerdo de observación electoral, pero después de tantos problemas que ha tenido el proceso y la desconfianza que ha generado en algunos sectores, la OEA todavía no ha enviado una misión de observadores. Seguramente lo hará unos días antes de los comicios y ya cuando nada podrá sugerir para mejorar algo y si se presentan problemas, seguramente no tendrá ni el poder ni la capacidad de solucionar nada.
La OEA simplemente se volvió un monstruo inoperante con una burocracia espectacular y con debates estériles que solo emiten condenas o lamentos pero no solucionan absolutamente nada, con un secretario general que se maneja en una cuerda floja para evitar los insultos del chavismo o las inquietudes de Washington.








