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Los sindicatos pueden quebrar al Estado

Jueves 1, julio 2010 | 6:00 am
La situación fiscal es ya de por sí complicada como para que los sindicalistas estén exigiendo privilegios y paralizando instituciones.

La tradición sindical salvadoreña ha sido nefasta. Grupos politizados que sirven de vehículo de desestabilización política y sangran instituciones con onerosos contratos colectivos y líderes que terminan buscando diputaciones o posiciones partidarias. Es tristemente célebre el laudo arbitral del Seguro Social. La institución tiene que erogar millonarias cifras al sindicato, mientras sufre restricciones presupuestarias en importantes rubros de la atención al cotizante.

Los sindicalistas además tienen privilegios con los que no cuentan los empleados promedio e incluso se dedican al sindicalismo profesional, sin laborar en los puestos para los que se les paga.

Lo que ha sucedido estos días en los hospitales nacionales es solo una continuidad de hechos que han sido una constante en nuestra historia reciente: sindicalistas que demandan mejoras salariales mientras paralizan hospitales e impiden la atención médica de centenares de personas que llegan en busca de una cita por la que han esperado meses. No hay consideración hacia nadie, solo prevalece la fuerza y el desorden. Esa ha sido la historia.

Y aunque la ministra de Salud denunció ayer a 11 de esos sindicalistas por los desórdenes de esta semana, en una actitud valiente y decidida, la Fiscalía General muy rara vez ha procesado a los revoltosos. Esta vez los hechos se agravan ante la muerte de una persona por la falta de atención.

En estos momentos de crisis, demandar más bonos salariales puede provocar el ahogamiento financiero del Estado, de por sí ya golpeado por un contexto nacional e internacional muy complejo y que  recurre al endeudamiento para poder operar. Pero los sindicatos son voraces y no parecen comprender esta cruda realidad.  Y si a la voracidad se le suma el caos y el desorden que provocan, solo vale repudiar su actitud irresponsable.

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