Magistrados en resistencia
Es casi imposible que un funcionario de elección de segundo grado no tenga color polÃtico o que no quede comprometido con alguno en particular, pero lo que si se debe evitar es que tenga corazón y cerebro politizado.
Carlos Alvarenga Arias
Abogado
Â
La última reunión organizada por FUSADES es una muestra más de lo importante de esa institución para el paÃs. ¿Por qué estos eventos los promueve una organización privada? Las instituciones públicas caminan lentamente. La iniciativa de ellas jamás podrás ser comparada a la privada. Ésta es ágil, visionaria e innovadora. Cuando las directrices de una nación son exclusivamente diseñadas y realizadas por el estado o su representante, dicha nación no tiene la misma dinámica que aquellas sociedades donde la iniciativa privada es la que lleva la batuta (con ciertas excepciones).
Â
Solo el compadrazgo, la estafa burda, el irrespeto a las leyes por un afán desmedido de riqueza y el silencio cómplice del Estado, pueden echar al traste el valioso liderazgo de la iniciativa privada. Tómese como ejemplo la crisis financiera de los EEUU desatada por ladrones de cuello blanco, estafadores del más alto nivel de sofisticación.
Â
Con respecto al fondo tratado en el evento mencionado quisiera aportar lo siguiente. Un sistema legal es un sorprendente instrumento artificial creado por el hombre. Desde su creación y para que realmente llegara a ser el marco de referencia, el campo de aplicación y el instrumento con que se regula la conducta humana en sociedad, han pasado siglos y aun asà cuesta que la gente respete la ley. Siempre han surgido reyes, tiranos, dictadores, presidentes del ejecutivo o del legislativo que creyéndose dioses llegan a hacer de la cosa pública una hacienda privada, pero con todo y ello la ley es una creación, si se me permite, hermosa, pero sobre todo, valiosa y, más aún, necesaria.
Â
Con raras excepciones la ley es tonta. La ley es buena incluso con sus defectos. El problema son los aplicadores de la ley, los encargados de hacerla ejecutar.
Â
Para el conflicto que existe entre los magistrados de la actual CSJ en vez de dar tan triste espectáculo, deberÃan aplicar la ley.
Â
La Asamblea Legislativa deberÃa dar una interpretación auténtica en relación a qué se hace en ese conflicto, si deben o no excusarse.
Â
Pero lo que no entiendo es que existiendo una mayorÃa clara que dice que hay que excusarse los otros entran en franca rebeldÃa y rompen con el esquema. No lo entiendo.
Â
El tipo de estado que hemos jurado defender es democrático, representativo, republicano y en éste, hasta por costumbre, quienes toman la última decisión, son los que constituyen la mayorÃa.
Â
Por otra parte la existencia de los partidos polÃticos es inherente a ese sistema y no se ha podido, ni se debe cambiar. Se puede perfeccionar mediante candidaturas independientes, por ejemplo, pero por el momento es esto lo que tenemos.
Â
Es casi imposible que un funcionario de elección de segundo grado no tenga color polÃtico o que no quede comprometido con alguno en particular, pero lo que si se debe evitar es que tenga corazón y cerebro politizado.
Â
Que dos magistrados de los que se encuentran en abierto desacato sean abiertamente apoyados por el FMLN no es per se malo, asà es el sistema, lo malo es que (no esos dos magistrados) los funcionarios, cualesquiera que sean, respondan a intereses de un partido.
Â
Esta Sala de lo Constitucional ha demostrado tener el conocimiento y el valor para resolver conforme a Derecho, pero en este conflicto está echando todo el trabajo al suelo y pateándolo repetidamente. Si tanto defienden la democracia, yo los exhorto a que empiecen por respetar el hecho de que la mayorÃa manda.
Â
Si uno lee los comentarios que escribe la gente al pie de las noticias en formato electrónico relacionadas a ese problema de carácter nacional, no cuesta concluir que el ciudadano toma eso como un circo, un triste y deprimente circo.
Â
Por cierto que esa manÃa que solo he observado en boca de polÃticos de echarle la culpa a intereses ocultos únicamente me viene a la mente el adagio popular: quien las hace las imagina.
Â




