No más declaración de intenciones
No hay peor cosa que escuchar a los políticos luego de un encuentro empresarial que pide una reforma política profunda. Sorpresivamente todos están de acuerdo en reformarse políticamente, despartidizar la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral(TSE) y, más aún, en abrir sus registros financieros al público. El Encuentro Empresarial (Enade 2012) fue, de nuevo, recibido con aplausos de políticos interesados en ser reelectos como diputados. La escena era similar a la que nos prestan, de vez en cuando, las cumbres de presidentes o de cancilleres en donde, al fin de cuentas, lo único que hacen es firmar una declaración de intenciones.
No hay duda de la necesidad del diseño de propuestas y de la importancia que para El Salvador tiene que la empresa privada esté pidiendo una despartidización de instituciones claves para fiscalizar el buen uso de recursos estatales y la buena gestión electoral. Y más importante es aún cuando esa empresa privada es acompañada por un grupo de organizaciones civiles que tradicionalmente no se identifican con ella ni con la derecha. Eso hace pensar que son los ideales democráticos los que motivan esa unión. Y ese detalle termina por darle una legitimidad única a sus propuestas.
Sin embargo, me parece una actitud notablemente hipócrita la de muchos políticos que, lejos de exponer sus argumentos sinceros contra la fiscalización de recursos estatales y contra la despartidización del TSE, ¡dicen que están de acuerdo con todas las propuestas hechas en el Enade!
Si eso fuera cierto, los partidos políticos ya hubieran aprobado una ley que les obligara –sin redactarle trampas a las normativas, como suelen hacerlo en la Asamblea– a decir públicamente de quiénes y de dónde obtienen sus recursos para las campañas.
Si estuvieran de acuerdo en esa profunda reforma política, los partidos políticos ya hubieran despartidizado el TSE.
Lo más curioso es que el único partido que propone en su plataforma la despartidización del TSE no tiene participación en las magistraturas actuales del TSE. Eso hace pensar que haber escrito semejante propuesta en sus promesas no es un acto sincero, sino puramente electoral.
En el Enade, también, el Presidente manifestó su deseo de profundizar una reforma política que privilegia el voto por candidato, cuando él mismo firmó una reforma que permitía que los votos por rostro se subordinaran a la voluntad del partido.
Es tiempo que los partidos dejen de utilizar las campañas electorales para hacer una declaración hipócrita de intenciones y muestren, con actos en la Asamblea Legislativa, lo que son capaces de hacer.
¿Quieren combatir la corrupción? ¿Por qué ignoran que la Sección de Probidad ni siquiera tiene la potestad para pedir informes bancarios de funcionarios bajo sospecha y en su lugar lo puede hacer –y no lo hace– una Corte elegida por políticos? ¿Por qué no aprueban una ley de probidad? La Asamblea Legislativa es, señores, el escenario único para hacer realidad sus intenciones.














