Quien paga el mariachi, elige el jingle electoral… y otras cosas
Los candidatos deben tener cuidado de quién aceptan donativos. Todo donativo genera compromisos.
Una de las propuestas de reforma política que puede cambiar mucho la actuación pública y privada de la clase política es una ley de transparencia de las finanzas de los partidos políticos y los candidatos independientes.
Si usted pregunta en este momento a los partidos, cómo están financiando sus campañas, la respuesta más común es: “con donaciones de amigos”.
¿Quiénes son esos amigos? Nadie responde. En algunos casos pueden ser correligionarios interesados en que su candidato a diputado sea electo. Puede ser un “amigo” con intereses y puede ser hasta uno de esos personajes oscuros que están apareciendo por los pueblos con fortunas repentinas.
Todo donativo genera compromisos. Entonces uno se pregunta si esos donativos no implicarán una agenda determinada, quizás incluso alejada de las propias promesas del candidato o de sus propias aspiraciones.
Siempre habrá grupos de interés que quieren tener diputados a su servicio. Es más, en la presente legislatura (en las anteriores tampoco había santos, pero ahora se habla más de eso) se ha cuestionado mucho el comportamiento ético de algunos diputados que se ofrecen al mejor postor.
Además, en tiempos de que el crimen organizado se infiltra en prácticamente todos los estratos de la vida pública, incluyendo la Asamblea Legislativa o las alcaldías, es bien peligroso aceptar donaciones de cualquier “amigo”.
Esa misma ley de transparencia debería ayudar a los mismos partidos políticos para tener bajo un código de ética a sus diputados y que éstos respondan a principios y valores ideológicos y no a grupos de interés o lo que sería peor, al crimen organizado.








