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Sobre el agotamiento del modelo económico de la Post-guerra en El Salvador

Jueves 17, febrero 2011 | 2:47 am

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Economista y analista político

Ningún país puede subsistir ni desarrollarse consumiendo más de lo que produce, exportando pocos bienes y servicios e importando casi todo con los ingresos originados en el éxodo masivo de su gente.

 

Un siglo duró aproximadamente el llamado “capitalismo oligárquico salvadoreño” (1880s-1980). Surgió a partir de una matriz mono productora-exportadora del café el último cuarto del siglo XIX , consolidándose en el primer cuarto del siglo XX y conformando, con la dictadura militar hasta finales de los 40s, una auténtica “República Cafetalera”.


Dicho modelo se transformó en las tres décadas siguientes (1950s-1970s) con la diversificación del modelo agroexportador (café, algodón, caña de azúcar, camarones) y con el impulso de un modelo de industrialización ligera de bienes de consumo que logró altas tasas de crecimiento y el surgimiento de las clases medias urbanas. Dicha industrialización fue posible con la creación del Mercado Común Centroamericano que dio lugar  a una suma de pequeños mercados en expansión protegidos por un arancel común subregional, estimulando y viabilizando un proceso de industrialización sustitutiva de importaciones, exportando a los mercados centroamericanos primero, y al exterior después.


Pero este modelo económico se desmanteló progresivamente en las siguientes tres décadas (1980-2010). Primero con la reforma agraria y la nacionalización de la banca y del comercio exterior, las guerras y crisis prolongadas en los 80s en El Salvador y sus vecinos, con las politicas neoliberizadoras internacionales y las realidades de la globalizacion, y con la llegada de ARENA al poder liderado por un grupo empresarial modernizante que impulsó en los 90s un nuevo modelo de liberalización  y privatizaciones de la banca, los seguros, el sistema de pensiones y las telecomunicaciones, cuyas compañías compraron y desarrollaron nacional y regionalmente asociados o no a firmas extranjeras, vendiendo a excelentes precios a grandes grupos y bancos regionales e internacionales a lo largo de la primera década de este siglo.


Un nuevo modelo económico liderado en sus inicios por Fusades y la reformas políticas e institucionales resultantes de los Acuerdos de Paz fueron los dos ejes del proyecto político-económico hegemónico en El Salvador en las últimas dos décadas. Pero este proyecto no se implementó consistente y sostenidamente según el diseño original de Fusades liderado por el Dr. Harberger de la Universidad de Chicago que propuso un modelo de crecimiento liderado por las exportaciones. Su ejecución específica en los tres primeros gobiernos de ARENA fue determinada considerablemente por los intereses particulares del grupo empresarial modernizante liderado por el empresario y presidente del primer Gobierno de ARENA, Alfredo Cristiani.


El modelo y/o esquema económico específico que se impuso y ejecutó se agotó progresivamente: 1. con el prolongado estancamiento del crecimiento económico, con una macroeconomía estructuralmente desequilibrada  –déficits comercial y fiscal y deuda pública en los límites superiores- y un régimen dolarizado que congeló el tipo de cambio eliminando la autoridad y política monetaria; y 2. Con el estancamiento e involución política e institucional prolongados, desde que se implementaron la primera generación de reformas resultantes de los acuerdos de paz (1992-96). Adicionalmente, los efectos de la crisis económico-financiera internacional, la llegada de la izquierda al gobierno en el 2009, la crisis y división de la derecha, y la profunda recomposición política en curso terminaron de darle el golpe de gracia al modelo llamado neoliberal, ejecutado bajo una impecable lógica patrimonialista, agotándose progresivamente el modelo/esquema económico gestionado en las últimas dos décadas.

 

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Los resultados fueron mediocres al comparar los siguientes indicadores promedios anuales de la década del 90 con la del 2000: 1) Crecimiento económico lento y decreciente: 2.6% del PIB per cápita a 1.7%. 2) Creciente déficit comercial: 10.6% del PIB a 18%  (22.5% en el 2008, 15.4% en el 2009, 19.3% en el 2010). 3) Creciente déficit fiscal: del 1.8% del PIB a 3.4% (3.1% en el 2008, 5.6% en el 2009 y 4.8% en el 2010). 4) Creciente endeudamiento público: 59% del PIB en 1991, 33% en el 1998, 53% en el 2009 y 55.8% en el 2010, aproximándonos al nivel del final de la guerra. 5) Los salarios mínimos reales al finalizar la década de los 2000s fueron equivalentes a los de principios de los 90s. 6) En el 2009, el PIB per cápita de El Salvador fue apenas 12.2% mayor que el nivel histórico máximo previo a la guerra (1978).


No obstante el bajo crecimiento promedio de la economía y una débil política social, la pobreza se redujo de 59.7% en 1990 al 37.8% en el 2009, lo que se explica principalmente por las migraciones de dos millones y medio de salvadoreños al exterior y 40 mil millones de dólares, aproximadamente, de remesas familiares en las últimas tres décadas. Las remesas familiares además de equilibrar las cuentas externas y paliar los déficits de la economía familiar, fueron la principal fuente de movilidad social, ocultando la ausencia de una política productiva-exportadora y de una verdadera  política social.


De esta manera, la inserción a la globalización de El Salvador promovida por este modelo ha sido considerablemente improductiva, pues no se basa en el estímulo y promoción de inversiones nacionales y extranjeras para incrementar sostenidamente la producción y exportación de bienes y servicios diversos, sino en la “exportación” masiva de gente. Es un modelo de inserción al revés, exportando mucha gente y relativamente pocos bienes y servicios. Sin estrategia de desarrollo productivo-exportador, los diversos tratados de libre comercio han disparado el déficit comercial sin atraer mucha inversión extranjera para fortalecer la base productiva y exportadora, crear empleos de mejor calidad y generar y multiplicar ingresos diversos.


Ningún país puede subsistir ni desarrollarse consumiendo más de lo que produce, exportando pocos bienes y servicios e importando casi todo con los ingresos originados en el éxodo masivo de su gente. Aún menos cuando las remesas son irreversiblemente decrecientes a mediano y largo plazo. El Estado ya no puede hacer frente a las obligaciones mínimas de la deuda pública, social, infraestructural y medioambiental. El modelo de la post-guerra está agotado y la herencia que recibió el nuevo gobierno puede ser caracterizada como “El Entrampamiento Perfecto”. Éste y el desempeño del Gobierno analizaremos en el próximo artículo.


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Comentarios

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  1. Gordo dice:

    Muchas gracias me sirbio de mucho esta información para elaborar el trabajo de Sociales.

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