Se impuso el verticalismo católico
¿Por qué sorprenderse y criticar el proceder de la Iglesia por el tema del retiro del mosaico del artista Fernando Llort? Esta decisión inconsulta, triste e irrespetuosa contra el arte salvadoreño sólo confirma el verticalismo con el que históricamente ha procedido la jerarquía católica.
El mismo Monseñor José Luis Escobar Alas lo confirmó con sus declaraciones (el domingo 8 de enero) cuando le dijo a los medios de prensa: “Tomé la decisión en mi calidad de Obispo”. Como la máxima autoridad eclesiástica de El Salvador, dispuso que los mosaicos creados por Llort debían ser removidos porque constituían un peligro, y procedió a ordenarlo.
¿Hizo lo correcto? Sí, porque actuó como siempre lo ha hecho la Iglesia: imponiendo decisiones, a partir de lo que los representantes de Dios en la tierra consideran que es lo mejor para la feligresía. Eso no significa que procedió de la mejor manera, sino que lo hizo de forma consecuente a lo que por años ha sido un estilo de liderar en el catolicismo. La Iglesia nunca ha dado oportunidad al debate, a la argumentación a partir del rechazo a una determinada postura. Se acepta lo que se dice, lo que se escucha y se pone en práctica. No hay matices. Es cuestión de fe.
En otras circunstancias, siendo otros los actores involucrados, estaría fuera de toda lógica y entendimiento el manejo de comunicación que se ha dado al tema de la remoción de los mosaicos, pero siendo la Iglesia la que está de por medio, hasta mucho se ha logrado con obtener de Monseñor Escobar Alas un explicación de lo sucedido, la cual está lejos de justificar la velocidad y casi saña con la que destruyeron la creación de Fernando Llort.
No importa cuánto diga el jerarca católico, ni cómo, ni dónde. Es difícil creer el alegato de que la obra constituía un peligro y por eso debía ser removida. Es obvio que el mosaico dejó de ser atractivo para alguien (quizá para el mismo Monseñor) y eso, sumado al desgaste lógico de cualquier estructura, llevó a la decisión ya por todos conocida y por muchos rechazada.
Lo triste de esta situación, más allá de la destrucción de una pieza artística que hacía única y diferente a la Catedral Metropolitana (parafraseando a mi colega Rodrigo Arias), es que por no querer romper patrones, por insistir en manejar todo de la misma forma, la Iglesia y sus jerarcas estén siendo señalados de poco transparentes. Es lamentable que una acción que en el fondo no tendría por qué tener mucha relevancia, haya cobrado tanta notoriedad y generado tanto rechazo popular, sólo porque los jerarcas católicos se niegan a modernizarse, a ser más abiertos con sus posturas, a consensuar en vez de imponer.










enero 13th, 2012 at 6:12 AM
Por un lado la resignación, la humildad, desprendimiento y anhelo de paz de Fernando Llort. Son demostraciones de grandeza espiritual que contrasta con la postura de nuestra máxima autoridad eclesiástica. Uno se queda perplejo al observar semejante contradicción.
Errar es de humanos, pero lamentablemente no parece tener el valor de poner en práctica las enseñanzas con las cuales pudo haber salvado la situación.
enero 13th, 2012 at 10:28 AM
Es lamentable que lo que se pudo evitar con una simple llamada al artista se complico,pero, la iglesia catolica va a recoger sus frutos por su verticalismo, su tozudez y su falta de adaptacion a los nuevos tiempos, todo eso la hara hundirse en el gigante mar de la historia; desgraciadamente con el actual Papa nada puede hacerse. Que Jahveh nos proteja de las ideas de la actual Iglesia catolica.
enero 13th, 2012 at 3:38 PM
yo creo que si el Sr LLort ya dejo esto por la paz por que seguir empesinado cuando hay cosas mas relevantes y buenas que hace la iglesia y que algunos periodistas ni siquiera le interesa conocer por que no les da una nota combulsiva con alto impacto y ventas, mejor veamos el alto porcentaje de cosa buenas que tienen todas las iglesias de distinta nominacion y su dirijencias pastorales y no la manchita de tinta en el lienzo blanco
enero 15th, 2012 at 10:07 PM
Sin menoscabo de las cualidades de Monseñor, opino que en esta ocasión él desaprovechó la oportunidad de poner en práctica las prédicas, con lo cual pudo habernos dado una lección de grandeza espiritual. Las demostraciones de humildad, resignación y desprendimiento vinieron del lado de Fernando Llort, y esto vale recalcarlo y reflexionar.