Una ciudad de rejas
Ahora no solo hay colonias cerradas por plumas, hay calles que cerraron por acuerdo de vecinos ante la inseguridad.
Fue primero San Salvador y luego todas las ciudades del país se llenaron de rejas, de alambre razor y colonias cerradas por la guerra y por la inseguridad que vivimos. Incluso, tener pluma y vigilantes se volvió hasta “símbolo de status”.
Pero un nuevo fenómeno se puede observar en amplias zonas del área metropolitana. Ya no hay “colonias cerradas”, hay “ciudades cerradas”, entre rejas. En amplias zonas del gran San Salvador, los vecinos de una calle X un día deciden comprarse un portón, cerrarse su calle y contratar un par de vigilantes y la libre circulación de personas y vehículos termina.
Es el dilema entre el derecho a la libre circulación y el derecho a la vida o el respeto al patrimonio. En algunas partes de San Salvador o Antiguo Cuscatlán, por ejemplo, las calles que servían de alivio al tráfico de arterias principales, ya no se pueden usar precisamente porque los vecinos las cerraron. Por cierto, sin permiso alguno de la Alcaldía o el VMT. Da igual, la gente se hace su propia ley.
Claro, lo que hay que tomar en cuenta es que en esas calles se robaban carros, asaltan personas y casas y nadie podía ayudarles. Una manera de tomar la justicia y la seguridad por su propia mano, aunque sea a costa de la libre circulación de otros.








