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¿Y después de Chávez? ¿habrá un vacío?

The New York Times news service/syndicate WILLIAM NEUMAN
Viernes 22, junio 2012 | 7:59 pm

Chávez se ha negado a revelar detalles de su enfermedad y ha evitado nombrar a un sucesor político.

CARACAS, Venezuela.– El presidente Hugo Chávez es el indiscutible hombre orquesta de la política venezolana, lo es todo. Hace leyes de un plumazo por cuenta propia. Expropia edificios y negocios con un gesto de la mano. Su cara sonríe en los espectaculares y pósteres. Publica ideas en Twitter. Habla en televisión durante horas sin parar. Hasta canta y baila.

Sin embargo, después de casi 14 años como presidente de Venezuela, Chávez lucha contra el cáncer al entrar en una acalorada campaña por la reelección, con lo que muchos que lo quieren y muchos que lo odian se preguntan quién tomará su lugar si su salud deteriorada lo obliga a dejar el cargo, ya sea antes o después de las elecciones del 7 de octubre.

Una transición tan repentina sería difícil en cualquier     país, pero lo sería aún más aquí, donde Chávez ha construido un Estado que gira alrededor de su enorme personalidad y donde no ha surgido ningún claro sucesor.

“¡Aquí estoy ante ustedes otra vez!”, dijo Chávez, de 57 años, a una enorme multitud de partidarios después de registrarse formalmente como candidato. Se le ha visto poco en los meses recientes debido a su enfermedad, pero rechazó lo que llamó rumores “necrofílicos” de que estaba próximo a morir y buscaba a un sucesor, y pronosticó que ganaría la reelección por nocaut.

Un día antes, el oponente de Chávez, Henrique Capriles Radonski, de 39 años, encabezó a una muchedumbre durante una marcha de seis millas por Caracas que pareció tener el propósito de enfatizar el contraste entre su juventud y vigor, y la frágil salud de Chávez. Chávez, vestido con chaqueta de manga larga en un día caluroso, pronunció su discurso en una plataforma encima de un camión de la campaña.

“Tienen un gran problema”, dijo Armando Briquet, el coordinador de la campaña de Capriles, quien dejó su cargo de gobernador estatal este mes. “Chávez es como uno de esos negocios familiares en los que el jefe de la familia no permite que ninguno de sus hijos crezca profesionalmente y lo supere”.

Tal como Chávez se ha negado a revelar detalles de su enfermedad, ha evitado nombrar a un sucesor político, lo cual ha llevado, especialmente entre los críticos, a asignar febriles desventajas en relación a quién sigue en la línea.

“Todos estamos a oscuras”, comentó Carolina Fontalvo, de 33 años, una mesera que antes apoyaba a Chávez, pero ahora planea votar en su contra. “Es como si quisieran hacer que la gente siga adivinando”.

Pedro Díaz, de 63 años, un contador, dijo que la agitada situación política ha hecho que se sienta impotente y ansioso. “Lo siento en el estómago”, dijo.

Sin embargo, los verdaderos creyentes en el movimiento de Chávez, conocido como chavismo, descartan cualquier conversación sobre posibles sucesores sin pensarlo dos veces. “Vamos a tener a Chávez hasta dos mil y para siempre”, afirmó Edelio Rebolledo de 76 años, un empleado gubernamental retirado. “Chávez será el candidato. Olvídelo”.

Observadores políticos dividen al círculo interno de Chávez en dos o tres grupos principales, cada uno de los cuales tiene a un contendiente de su vestidura.

A uno lo lideran dos nombrados por Chávez, el ministro de relaciones exteriores Nicolás Maduro y el vicepresidente Elías Jaua. Ambos son izquierdistas de tiempo atrás, en armonía con los partidarios socialistas más incondicionales de Chávez, los verdaderos creyentes en lo que él llama la revolución bolivariana.

A otro grupo lo dirigen Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional y segundo hombre del Partido Socialista Unido de Venezuela de Chávez. Cabello fue un soldado que participó en el fallido golpe de Estado de 1992 liderado por Chávez, el cual lanzó al futuro presidente al escenario nacional. Cabello tiene relaciones estrechas con el ejército, una base de poder de suma importancia, y con la comunidad empresarial.

Y también está la familia de Chávez. Algunos ven a su hermano mayor, Adán, el gobernador de Barinas, el estado natal de Chávez, como una opción factible. Dos de las hijas de Chávez, Rosa Virginia y María Gabriela, también se mencionan en ocasiones como candidatas que podrían mantener el apellido de la familia en las boletas electorales. Sin embargo, todos carecen del carisma de Chávez y la conexión visceral con el electorado. Eso es especialmente cierto sobre Adán Chávez, cuyas apariciones en público tienen una cualidad aletargada que evoca las vastas planicies del estado que gobierna.

Cabello es mordaz y fogoso, y tiene una reputación maquiavélica, pero no es popular – una especie de Newt Gingrich socialista. A menudo se hace referencia a él como parte de lo que los seguidores de Chávez llaman la derecha endógena, un ala más conservadora dentro del movimiento. A pesar de sus camisas rojas y pronunciamientos lanza llamas, a Cabello se lo asocia en general con los nuevos ricos del país, los emprendedores que se han hecho increíblemente ricos al hacer negocios con el gobierno socialista, con acceso frecuente a su vasta riqueza petrolera o asegurando contratos con el gobierno.

Todos ellos han ascendido y caído cuando lo dice Chávez. Cabello estuvo en desgracia hasta finales del año pasado, cuando de pronto Chávez le volvió a dar prominencia. Maduro y Jaua parecieron cómodamente instalados hasta que Chávez anunció que abandonarían sus cargos para contender por la gubernatura en estados controlados por la oposición.

Sin embargo, todo eso sucedió antes de que Chávez se enterara en febrero que le había vuelto el cáncer, el cual apareció primero el año pasado. Empezó a viajar a Cuba para someterse a cirugía y una serie de tratamientos de radiación, que concluyeron el mes pasado.

Los tratamientos lo debilitaron y lo obligaron a recluirse, lo que estimuló una nueva ronda de especulaciones sobre lo que sucedería si estuviera demasiado enfermo para continuar en la campaña por la reelección.

La necesidad de un Plan B parece obvia, pero es difícil encontrar a alguien entre los partidarios de Chávez dispuesto a hablar al respecto.

“Hoy, es algo que no esté presente en la mente de los venezolanos”, dijo Jesse Chacón, un ex ministro del gabinete que dirige una empresa encuestadora cercana al gobierno. Chacón mencionó encuestas de opinión que muestran que una mayoría de venezolanos creen que Chávez volverá a estar saludable, y planean votar por él.

Sin embargo, los oponentes de Chávez han dedicado incontables páginas de papel periódico y horas de tiempo-aire en televisión para hablar de los ¿y si? Se deleitan con las supuestas luchas de poder. Y les entusiasma que Capriles pueda contender contra uno de los discípulos menos carismáticos de Chávez.

Chávez tiene una ventaja amplia sobre Capriles en casi todas las encuestas. Sin embargo, políticos de oposición sostienen que las encuestas que levantó la gente de Chávez muestran que Capriles vencería a cualquiera de los posibles sucesores de Chávez si él no contiende.

Una mañana reciente, aparecieron misteriosamente pósteres enormes en una de las principales calles de Caracas, en los que se muestra a Cabello con el puño alzado y se da a entender que se le promueve como un candidato presidencial.

Aunque en general se supone que fue obra de provocadores de la oposición, los pósteres subrayan la sensibilidad del tema dentro del campo de Chávez, y provocaron una rápida respuesta de Cabello. “Nuestro único candidato es Chávez”, dijo en su cuenta de Twitter. Y responsabilizó de los pósteres a miembros de la oposición al decir: “Creen que colocando pósteres con mi nombre van a ganar votantes” o dividir a los seguidores de Chávez.

La mayoría de los analistas concuerdan en que es probable que Chávez siga siendo el candidato de su partido y el favorito para ganar en octubre. Sin embargo, la especulación también se ha centrado en lo que sucedería si muriera o dimitiera después de empezar un nuevo mandato a principios del año entrante.

De conformidad con la Constitución, si un presidente deja el cargo o muere en los primeros cuatro del periodo de seis años, el vicepresidente toma su lugar y debe llamar a nuevas elecciones en un lapso de 30 días. Eso significa que la selección que haga Chávez del vicepresidente, un cargo por designación, podría dar el indicio más claro de a quién quiere que lo suceda.

El mayor obstáculo podría ser la realidad política altamente personalizada que ha creado.

“No hay nadie ni en la oposición ni dentro del chavismo que pueda igualar su liderazgo”, dijo el encuestador Chacón. “Es uno de estos seres humanos que aparecen cada siglo.

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