¡Ya Dejen la catedral en paz!
Que se tomen las instituciones contra las que protesten, pero que dejen la Catedral metropolitana en paz.
Los mismos de siempre, con otros pretextos. Una vez más, el pueblo católico salvadoreño tiene que soportar la profanación de la Catedral metropolitana por supuestas demandas políticas y sindicales.
¿Quién los manda? ¿Con qué intenciones? ¿Por qué ensuciar un templo católico sagrado para sus cochinadas políticas? Los trasnochados de izquierda no se quitan la asquerosa costumbre de meterse a la fuerza e impedir el libre culto en la principal iglesia del país.
Ya no importa qué piden. Me da igual. Tómense la Asamblea Legislativa si quieren protestar por el despido del personaje que quería hacer un sindicato ahí. Tómense los cuarteles de la Policía Nacional Civil -si es que pueden- si les molestan los despidos de empleados en esa institución. Y si quieren, tómense todos los ministerios del Gobierno, del FMLN y hasta los cuarteles militares si protestan por el supuesto incumplimiento de los Acuerdos de Paz. ¡Pero dejen en paz la Catedral y el resto de iglesias católicas o evangélicas del país!
Hasta que la jerarquía Católica no imponga un precedente y demande a los orates que se meten en la Catedral, esto seguirá sucediendo. La PNC y la Fiscalía deberían actuar contundemente para que este símbolo del caos y la anarquía de hace décadas, no vuelva al país, ya de por sí, desprestigiado por la violencia y la incertidumbre política y económica.
Ojalá que el procurador de Derechos Humanos y todos esos organismos garantistas muestren un poco de respeto a la feligresía católica, violentada en sus derechos. Ojalá que el Gobierno y la Iglesia se amarren los pantalones y saquen de una vez por todas a estos sujetos. Un poco de respeto es suficiente para vivir en tolerancia y armonía.













